Movimientos sociales y juvenicidio. Repensar el papel de las juventudes en procesos de transformaciĂłn social
Diana LĂłpez GĂłmez
Movimientos sociales y violencias son escenarios del presente ensayo. Como objetivo central, pretendo reivindicar y potencializar el sentido polĂtico de las y los jĂłvenes, reconocerlos como actores crĂticos y sujetos de derechos, en especĂfico dentro de un contexto social complejo, donde las y los jĂłvenes, como sector poblacional, se encuentran en condiciones de mayor vulnerabilidad: pobreza, mala calidad de vida, limitado acceso a la educaciĂłn y a empleos dignos y en condiciones estables; en que Ă©stas se traducen en criminalizaciĂłn y judicializaciĂłn que se establecen a travĂ©s del ejercicio punitivo de control y disciplinamiento en que se desenvuelven.
Palabras clave: juventudes, juvenicidio, movimientos sociales, transformaciĂłn
IntroducciĂłn
Este texto surge del intercambio y de la escucha de muchas reflexiones y experiencias que se vertieron en el encuentro de la primera Escuela Internacional de Pensamiento PedagĂłgico CrĂtico sobre juventudes y nuevas agendas en educaciĂłn. Un espacio de construcciĂłn colectiva crĂtica que busca repensar y pensar a las juventudes rompiendo con paradigmas adultocĂ©ntricos y violentos.Â
En ese sentido, parto de la pregunta: Âżpor quĂ© es importante fortalecer el potencial crĂtico y polĂtico en nuestras juventudes?, en especial en un escenario que los coloca en desventaja y exclusiĂłn. Para ello, reflexiono tomando como escenario central las luchas, las reivindicaciones y los movimientos que tuvieron lugar en el contexto de la desapariciĂłn de 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa, Guerrero.Â
Como objetivo central, por tanto, reflexiono en torno a la importancia de reivindicar a las juventudes como sujetos polĂticos, crĂticos e histĂłricos, con el fin de acercarnos a una mayor comprensiĂłn de las luchas, los intereses y las necesidades que plantean las juventudes en MĂ©xico, porque como señala Natividad GutiĂ©rrez, “[las juventudes] se muestran preocupadas y con temor sobre el racismo, el sexismo, el clasismo, el adultocentrismo y lo que tales percepciones significan para sus futuros” (2021, pág. 191).
Desigualdad social
El escenario actual en MĂ©xico que encarna y expresa profundas desigualdades, aunado a un modelo polĂtico y socioeconĂłmico, [que] favorece a minorĂas y afecta a la gran mayorĂa de la poblaciĂłn mundial, [genera] profundas desigualdades sociales y ámbitos de exclusiĂłn, pobreza y precarizaciĂłn que afectan de manera importante a la juventud (Avalos, 2015, pág. 473).
En ese contexto millones de jóvenes enfrentan la incertidumbre y los efectos de una crisis ampliada que afecta sus condiciones de vida, sus expectativas de empleo, su acceso a prestaciones sociales, y el decremento de su seguridad en contextos cada vez más violentos, lo que repercute principalmente en los grupos más vulnerables. Por ello, y dentro de este panorama, las y los jóvenes constituyen un segmento de la población que se encuentra excluida y en condiciones de mayor vulnerabilidad, como pobreza, mala calidad de vida, y altos niveles de inseguridad y violencia, limitado acceso a la educación, a un empleo digno y en condiciones estables (Oxfam, 2016, 2017, 2023).
[Sin embargo], entre los jĂłvenes, persisten marcadas diferencias en opciones y expectativas de vida a partir de regiones, paĂses, clase, gĂ©nero, adscripciĂłn Ă©tnica, preferencia sexual, aspectos que inciden en las bases objetivas que definen u obstaculizan sus posibilidades de desarrollar proyectos viables de vida (Valenzuela, 2015, pág. 18).
En este contexto tambiĂ©n es donde se configuran formas de resistencia y luchas que advierten esperanzas, estrategias y movimientos para construir otro mundo más humanitario y justo, y en que las y los jĂłvenes juegan un papel fundamental. En esa lĂłgica, pensamos que es urgente reivindicar a las juventudes como sujetos histĂłricos, de derechos y polĂticos capaces de aportar a la transformaciĂłn social. Asimismo, coincidimos con Peter McLaren (2019) cuando señala que al ser sujetos sociales tenemos derecho a preguntarnos, ÂżquĂ© ha hecho la sociedad con cada uno de nosotros y quĂ© queremos cambiar de eso? Una premisa fundamental para las juventudes, quienes a partir de esos cuestionamientos puedan promover discursos crĂticos que pongan bajo análisis injusticias histĂłricamente concebidas.Â
Juventudes
Hablar de la condición juvenil, nos lleva a situar y abordar el término juventudes, con la intención de hacer notar la diversidad de posiciones e identidades que conforman las y los jóvenes. Duarte Quapper (2000, pág. 61) plantea la importancia de abordar y mirar a lo juvenil desde la diversidad, reconociendo su heterogeneidad, en ese aspecto, insiste: no es lo mismo ser joven rico que joven empobrecido, no es lo mismo ser mujer joven que hombre joven, etcétera.
Como advierte Manuel Valenzuela (2019, pág. 70), “[las juventudes] se conforman desde diferentes pertenencias sociales y repertorios identitarios, como son los de clase, gĂ©nero, etnicidad, preferencia sexual, raza, posiciĂłn polĂtica, religiosidad o adscripciĂłn a estilos juveniles”. Partiendo de lo anterior, tratarĂ© de dar cuenta del discurso que se ha construido en torno a lo que implica ser joven y a la mirada social criminalizante que ha buscado disciplinar a travĂ©s del control del cuerpo a las juventudes, en especial castigando a las y los jĂłvenes que habitan las zonas marginadas.Â
De acuerdo con Duarte (2000, pág. 65), histĂłrica y socialmente se ha ido configurando desde una mirada adultocĂ©ntrica una concepciĂłn homogĂ©nea sobre lo juvenil, que se trata generalmente de imágenes prefiguradas que no siempre coinciden con la realidad y que, asimismo, se conforman sin tomar en cuenta la forma en que conciben el mundo y su relaciĂłn con Ă©l, negándolos como sujetos histĂłricos. TambiĂ©n señala que esto ocasiona que los y las jĂłvenes terminan por internalizar esa mirada impuesta sobre ellas y ellos, tratando de cumplir con esa imagen que se espera de ellos y ellas. Esta concepciĂłn y pensamiento sobre el mundo juvenil permea los principales espacios de socializaciĂłn, como la escuela y la familia, donde se despolitiza a las y los jĂłvenes, y no se reconocen sus capacidades y potenciales. Por tanto, desde esta visiĂłn adultocĂ©ntrica que impone un deber ser a las juventudes, no se logra establecer vĂnculos, diálogo ni un intercambio de conocimientos y saberes.Â
Por otro lado, Carina Kaplan (1992) expone la conformaciĂłn de un enfoque punitivo, una visiĂłn judicializante y estigmatizante (1) que conforma a las juventudes como sujetos peligrosos, de quienes habrĂa que resguardarse; dicha visiĂłn, advierte la autora, desestima, en principio, la potencialidad que poseen los y las jĂłvenes como actores crĂticos capaces de conformar prácticas de interacciĂłn y civilidad que tensionen aquellas violencias naturalizadas y extendidas de los contextos en que se desenvuelven cotidianamente. En esa lĂłgica, las juventudes son vistas como un peligro para la sociedad, y a las que hay que combatir y castigar. No hay un interĂ©s por proteger a los y las jĂłvenes, por integrarlos ni brindarles espacios propios para vivir lo juvenil.Â
Desde esta perspectiva, asumimos que las condiciones en que se desarrollan y desenvuelven las y los jĂłvenes son diferenciadas, y se construyen desde escenarios con amplias brechas de desigualdad, a partir de los que conforman su sentido de pertenencia, participaciĂłn, exclusiĂłn y significaciones, lo que pone en una posiciĂłn de desventaja a las y los jĂłvenes que habitan las zonas empobrecidas, vulnerables y excluidas del paĂs.
Juvenicidio
Lo expresado en lĂneas anteriores representa una invitaciĂłn a reflexionar sobre los contextos que habitan las juventudes mexicanas. Asimismo, el tĂ©rmino juvenicidio, propuesto por JosĂ© Manuel Valenzuela (2019, pág. 61), quien lo define como la consumaciĂłn de un proceso que inicia con la precarizaciĂłn de la vida de los jĂłvenes; la ampliaciĂłn de su vulnerabilidad econĂłmica y social; el aumento de su indefensiĂłn ciudadana; la criminalizaciĂłn clasista de algunas identidades juveniles y la disminuciĂłn de opciones disponibles para el desarrollo de proyectos viables de vida frente a una realidad definida por la construcciĂłn temprana de un peligroso coqueteo con la muerte; esto nos permite comprender el escenario que habitan y en que se desenvuelven las juventudes en MĂ©xico y diversos paĂses de AmĂ©rica Latina, destinos y espacios cada vez más invivibles.
Se trata, entonces, de escenarios desiguales, injustos, violentos, corruptos, empobrecidos, marginados y vulnerables; sin embargo, es pertinente destacar que dicho destino impuesto no es similar para todas las juventudes mexicanas, ya que si bien existen pocas o nulas oportunidades para ser joven y trazar un proyecto de vida, son los sectores empobrecidos quienes se desenvuelven en condiciones aĂşn más precarias, asoladas por los duros impactos de las polĂticas neoliberales, de la guerra y de organizaciones delictivas. Todo esto conforma, asĂ, un destino de muerte, precarizaciĂłn y/o criminalidad impuesta para miles de jĂłvenes, mujeres y hombres, que ven truncado un proyecto de vida digna.Â
En ese sentido, como señalan Valenzuela y Moraña (2017, pág. 37), los escenarios precarios amplĂan las posibilidades del juvenicidio, que tambiĂ©n puede pensarse como el asesinato sistemático de gente joven. De ahĂ que, al igual que lo señala el autor, citando a la investigadora Rossana Reguillo, es urgente preguntarse: Âżde quĂ© mueren los jĂłvenes en MĂ©xico?
Los datos arrojados por el informe realizado por la Red de Derechos de la Infancia en MĂ©xico (REDIM), nos permiten obtener una primera mirada. El homicidio es la primera causa de muerte entre los jĂłvenes, 14,710 niñas, niños y adolescentes fueron asesinados entre el año 2017 y 2018; por su parte, el suicidio constituye la segunda causa de defunciones en el grupo de 10 a 18 años y es una de las principales causas de muerte entre los jĂłvenes a nivel mundial (2019). El Instituto Nacional de EstadĂstica y GeografĂa revelĂł que entre los años 2008-2018, 6,862 menores de edad se quitaron la vida. En relaciĂłn con este fenĂłmeno, la OrganizaciĂłn Mundial de la Salud (2019), indica que son los jĂłvenes quienes se encuentran más vulnerables a diversas enfermedades mentales, siendo la depresiĂłn y ansiedad las patologĂas más frecuentes en edades de 10 a 19 años. Â
Por otro lado, este factor de vulnerabilidad entre las y los jĂłvenes es aprovechado por las cĂ©lulas del crimen organizado para ingresarlos a sus filas como victimarios o, en otros casos, se convierten en las vĂctimas de estos grupos. De acuerdo con el balance que presentĂł REDIM (2019), el año pasado se registraron 30,000 casos de reclutamiento forzado.Â
AgregarĂa una pregunta más, ÂżquĂ© jĂłvenes son los que mueren y en quĂ© condiciones? Esto podrĂa contestarse, lamentablemente, con lo acontecido hace nueve años en Ayotzinapa, Guerrero. El secuestro y la desapariciĂłn forzada de 43 estudiantes, 27 heridos y 6 muertos, que se trata además de estudiantes pobres, rurales, que se preparaban para ser maestros de los pobres de zonas campesinas, pobres entre los pobres, o sabios entre los pobres (Aboites, 2015, citado en Fernández, 2018), se enmarca en el tĂ©rmino juvenicidio.Â
El crimen cometido el 26 de septiembre en Iguala, Guerrero, donde fueron asesinados, torturados (llevado hasta el extremo, como el caso del joven Julio CĂ©sar, quien fue desollado) y desaparecidos jĂłvenes varones, expresa abruptamente la persecuciĂłn sistemática, estigmatizada, y la estereotipaciĂłn de jĂłvenes que habitan en zonas empobrecidas, precarias y desiguales, lo que permitiĂł que asesinos, agentes del Estado e instituciones destinadas a la procuraciĂłn de justicia en complicidad con grupos delincuenciales, cometieran en total impunidad tal crimen y violaciĂłn a los derechos humanos de 43 jĂłvenes y sus familias. Instancias e instituciones que, a partir de ordenamientos clasistas, racistas, sexistas, homofĂłbicos, y en un orden prohibicionista que, con el pretexto de combatir al llamado crimen organizado, ha funcionado como apuesta y estrategia que limita los espacios sociales de libertad (Valenzuela 2015, citado en Valenzuela, 2019).Â
Crimen que, asimismo, fortaleciĂł el estereotipo que se construye alrededor de las juventudes indĂgenas, campesinas y empobrecidas, como vidas desechables, que no interesa cuidar ni respetar. Por otro lado, mostrĂł cuál es el destino de las juventudes transgresoras, que buscan transformar y cambiar esos destinos impuestos: la prohibiciĂłn, la desapariciĂłn, la tortura (siempre brutal), el asesinato, la muerte, el silencio, la omisiĂłn y finalmente, el olvido.
Movilizaciones por Ayotzinapa
Aun asĂ, los sucesos de Ayotzinapa, ante la indolencia de las autoridades del Estado, quienes a la fecha continĂşan sin esclarecer los hechos, ofrecer justicia y reparaciĂłn del daño a las vĂctimas, despertaron en las juventudes y las juventudes estudiantiles de MĂ©xico, un movimiento social por la exigencia con vida de los 43 estudiantes desaparecidos, que se enmarca en las luchas por la igualdad, libertad y justicia (Gravante, 2018).Â
Al grito de ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!, el movimiento, a travĂ©s de manifestaciones, pancartas, escritos, poemas, plantones, paros, carteles y diversas expresiones, hizo escuchar las voces de las, los y les jĂłvenes. Asimismo, fortaleciĂł los espacios de construcciĂłn colectiva, de resistencia y de organizaciĂłn frente a la represiĂłn y brutalidad policiaca que constantemente estuvo presente.Â
Si bien con el paso de los años el movimiento se ha debilitado, marcó un referente de organización juvenil y estudiantil, quienes conformaron espacios colectivos de representación e identidad donde vertieron sus demandas desde su condición juvenil o condiciones juveniles. El testimonio de un joven permite comprender mejor esta idea:
El movimiento que tocĂł el corazĂłn quedará en la memoria colectiva emocional, cultural, social y simbĂłlica. Quizá repercuta en la cultura polĂtica de MĂ©xico. Seguro ya ha cuajado la emociĂłn de afecto de las personas particularmente y el sentimiento de justicia en la memoria colectiva. Sobre todo, infantes y jĂłvenes fueron tocados, movidos y conmovidos, crecerán y madurarán como coetáneos con esas imágenes, voces y memorias dentro de su ser y como parte de su inconsciente colectivo (Fernández, 2016, citado en Fernández Poncela, 2018).
Los terribles acontecimientos en Ayotzinapa demostraron a una sociedad, marcadamente adultocĂ©ntrica, las formas de resistencia y organizaciĂłn ante el horror y la brutalidad, que construyen las juventudes, quienes a partir de la complicidad, los vĂnculos, el cuidado, el refugio y la escucha, fortalecieron una forma de organizaciĂłn en comunidad.
A manera de conclusiĂłn
A lo largo de estas páginas, pretendĂ desarrollar la importancia de vindicar y fortalecer el potencial crĂtico y polĂtico en nuestras juventudes, en especial en un escenario desigual e injusto que los coloca en una posiciĂłn de desventaja:Â
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- El término juvenicidio nos permitió situar el contexto desigual en que se desenvuelven las juventudes mexicanas, marcando un destino precario o de muerte, en particular para los y las jóvenes que habitan y pueblan las zonas marginadas, empobrecidas y excluidas.
- El atroz crimen cometido en Ayotzinapa, ante la omisiĂłn y complicidad del Estado, las fuerzas del orden, instituciones de imparticiĂłn de justicia y el crimen organizado, evidenciĂł las polĂticas de muerte, criminalizaciĂłn y castigo hacia las juventudes de una sociedad marcadamente adultocĂ©ntrica.
- Las movilizaciones ante el crimen cometido en Ayotzinapa, Guerrero, demostraron el potencial crĂtico, histĂłrico y polĂtico de las juventudes mexicanas, y la importancia de escuchar sus demandas, inquietudes y percepciones para construir un mundo más justo.
AsĂ, para avanzar hacia la construcciĂłn de relaciones más igualitarias y la prevenciĂłn de las violencias, que se refleje en mejores condiciones de vida para todas las personas, es pertinente pensar a las y los estudiantes como sujetos generadores de cambio, porque si no adquiere sentido para los actores sociales que experimentan y viven ciertas problemáticas, no puede cultivarse un cambio o una transformaciĂłn; es imprescindible, por tanto, que se dĂ© un cambio sustancial en la forma de actuar y pensar dentro de las prácticas cotidianas para construir un devenir más justo para las y los jĂłvenes, desde sus experiencias, saberes, subjetividades, voces e intereses y necesidades. Sobre todo, por la deuda histĂłrica existente con las poblaciones indĂgenas y rurales, zonas urbanas marginadas, y con las y los jĂłvenes que habitan en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.
- El término juvenicidio nos permitió situar el contexto desigual en que se desenvuelven las juventudes mexicanas, marcando un destino precario o de muerte, en particular para los y las jóvenes que habitan y pueblan las zonas marginadas, empobrecidas y excluidas.
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REFERENCIAS
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Fernández Poncela, A. M. (2018). CrĂłnica de una movilizaciĂłn anunciada: TODOSSOMOSAYOTZINAPA. Revista de Ciencias Sociales.Â
Gravante, T. (2018). Desaparición forzada y trauma cultural en México: el movimiento de Ayotzinapa. México: Convergencia.
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Quapper, K. D. (2000). ÂżJuventud o juventudes?: acerca de cĂłmo mirar y remirar a las juventudes de nuestro continente. Ăšltima dĂ©cada, 8(13). En: https://doi.org/10.4067/s0718-22362000000200004Â
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