La literatura en el aula: explicar la violencia y la configuración de la identidad juvenil con perspectiva de género a partir del cuento

 

“La costurera”, de Eduardo Antonio Parra

Norma Irene Aguilar Hernández

Laura Noemy Pérez Cristino

Docencia y literatura, el punto de partida

En el aula, el profesorado es un mediador esencial entre el saber sociocultural y los procesos de apropiación de las alumnas y los alumnos. Su quehacer es, en primer momento, directivo: son quienes toman la iniciativa sobre el tratamiento de los contenidos (presentan las especificaciones de la tarea, van dejando entrever las intenciones educativas, etcétera) y, al mismo tiempo, perciben las competencias y habilidades iniciales del alumnado para idear formas de ayudarles. Posteriormente, su papel es formativo, porque organizan estrategias de aprendizaje para consolidar conocimientos conceptuales, procedimentales y actitudinales.

Una vez que ha logrado construir con los alumnos y las alumnas un sistema de diálogo apropiado para intercambiar ideas que involucran el aprendizaje de los contenidos, el profesorado irá cambiando esta postura y comenzará a ceder al alumnado el papel protagónico. Es justamente, en ese momento del acto educativo, en que se enmarca el objetivo de este ensayo: analizar el cuento “La costurera”, del escritor Eduardo Antonio Parra (León Guanajuato, 1965), publicado en el libro Desterrados, para que la o el docente oriente las reflexiones del estudiantado acerca de este relato, al incorporarlo en el aula como auxiliar didáctico para abordar cuestiones referentes a la violencia y a la perspectiva de género, además de los conocimientos especializados que, en asignaturas como Taller de Lectura, Redacción e Iniciación a la Investigación Documental I y II, los alumnos y las alumnas deben adquirir sobre la literatura.

En primer lugar, reconocemos la trascendencia de la perspectiva de género, como herramienta metodológica, que permite cuestionar las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres, así como visibilizar a las mujeres y los sujetos feminizados.

Y en un segundo momento, valoramos la lectura como una forma de conocer el mundo. Tanto para el estudiantado como para la maestra y el maestro, erigidos en guías, el proceso de lectura conduce a un entendimiento que fructifica en aprendizaje. De aquí partimos para conseguir no sólo el entendimiento del otro y de la otra, sino la formación del individuo no únicamente como productor de conocimientos, también como sujeto que modifica y cuestiona las relaciones asimétricas de poder en la sociedad.

Con la lectura de la literatura se hace una construcción constante del entorno; las palabras cobran significado e influyen en las personas, adquiriendo sentido y valor en cada uno de los lectores. Por esto, la lectura es un acto de valentía, de apertura, de incertidumbre, de construcción, de reflexión.

A partir de esta intención, la literatura se convierte en una herramienta al servicio de la sociedad, en especial de personas que se encuentran en condiciones de vulnerabilidad como los desplazados, los internos de las cárceles, y personas hospitalizadas. Es allí donde la literatura cobra mayor valor, puesto que alcanza un vínculo humanizante. Al servicio de estas comunidades, la literatura es una apuesta por dar voz al que no la tiene en esta sociedad, ya que permite la creación de espacios de reflexión y libertad, en especial de las personas en condiciones de vulnerabilidad (Higuera, 2016, pág. 192).

A partir de esto, y dado que quienes son víctimas de cualquier tipo de violencia se encuentran en condiciones de vulnerabilidad, proponemos incluir en el trabajo docente el cuento “La costurera”, del escritor Eduardo Antonio Parra. De cara a la violencia, nos parece relevante, actual y necesario encaminar el estudio de la literatura hacia estos parajes. Que las asignaturas escolares no se presenten al alumnado como ajenas ni áridas, antes bien, que se incorpore a su esquema cognitivo un panorama transfigurativo –desde la perspectiva de género– a partir del reconocimiento de elementos transformadores de la realidad de los personajes.

La y el estudiante –quienes muchas veces se sienten desamparados y desamparadas ante la erudición que les supone el texto literario– deben tener la posibilidad de experimentar como útil la creación estética y a partir de ella construir sus propias herramientas (lenguaje, criterio, capacidad de análisis, establecimiento de vínculos con su comunidad y su sociedad) en un medio hostil, en el que la presencia de la violencia es cada vez más frecuente y normalizada.

La innegable presencia de la violencia nos obliga a entenderla como todo acto de poder o de omisión intencional dirigido a dominar, someter, controlar o agredir a otro individuo. La violencia se expresa de múltiples formas, entre ellas destacan la verbal, física, psicológica, sexual, económica y la simbólica, entre otras. La conducta del agresor o de la agresora es progresiva, extensiva y se da en largos periodos de tiempo, mientras que la víctima no se da cuenta o no quiere reconocer que la sufre.

Esta propuesta se acompaña de una idea clara: leer y escribir la violencia con perspectiva de género coadyuvará a eliminar las actitudes, los comportamientos y las prácticas enmarcadas en un sistema patriarcal machista que se reproduce a través de los mandatos de género.

 

Escribir la violencia

En el cuento “La costurera” se refleja la violencia intrafamiliar que vive René, el protagonista de la historia. Se trata de un adolescente que está en busca de algo que lo haga sentir mejor, algo que lo impulse a salir de un universo compuesto únicamente por mujeres para iniciarse en aquel al que pertenece realmente:

Siempre he querido preguntarles cómo reaccionaron el día que nací al descubrir entre mis piernas un pequeño falo. Debió ser una fuerte decepción para ellas aunque, quizá sin ponerse de acuerdo, decidieron ignorarlo y seguir con la vida que habían planeado: en mis fotos de bebé aparezco con atuendo de niña, jugando con muñecas, si bien cierta hombría se advierte en lo sucio y descuidado de la ropa y en que las muñecas están desnudas, despanzurradas o sin greñas. Tantas prendas cosieron para mí antes del parto, que cuando María José llegó a sumarse al taller de costura yo aún andaba de rosa (Parra, 2013, pág. 44).

Dentro de ese ambiente en el que René se desenvuelve –y donde su madre lo relega, más interesada en emborracharse y en salir con su amante en turno– aparece un guiño de luz con la presencia de María José, la costurera que la abuela contrató para que la ayudara en el taller:

En fin, ai [sic] donde ves a María José con su cara de palo, nomás te miró y fue pura sonrisa. Se puso en cuclillas a platicar contigo; y tú como si la conocieras: le dijiste tu nombre, edad, lo que te gustaba comer, tus caricaturas preferidas y que ya ibas al kínder, donde tenías hartas amiguitas. ¿Y amigos? No, no me hacen caso los niños. Entonces se quedó callada, después pasó su manota por tu pelo y te dijo: No te preocupes, René, lo vamos a arreglar (Parra, 2013, pág. 45).

La intervención de María José rompe con el ámbito que prevalecía en la casa de René, donde la violencia se manifiesta a raíz de varios anhelos frustrados: la decepción de la familia al descubrir que René no era la niña que tanto esperaban; la frustración de la madre alcohólica por lo efímeras que eran sus relaciones sentimentales con los hombres, y el declive del taller de costura a raíz de la ausencia de María José, la costurera.

Desde que nace, René está en continuo conflicto con su entorno, su vida y la existencia, al igual que su madre. María José parece que también lo está, pero eso no se sabe hasta el final del cuento.

De alguna manera, el hecho de que la costurera, con el pretexto de tomar medidas para hacer vestidos, haya visto y tocado desnudas a todas las adolescentes y mujeres adultas que iban al taller, podría interpretarse como una venganza por todos los insultos que a sus espaldas murmuran la abuela, sus amigas y la mamá de René.

En “La costurera”, las situaciones límite se presentan cuando, por ejemplo, Mónica (la novia adolescente de René) por fin acepta tener relaciones sexuales con él, aprovechando que sus padres no están en casa. En momentos como ese, es cuando –como ha señalado Eduardo Antonio Parra– el ser humano se olvida de cultura, educación, de todo, y brota con los impulsos la animalidad, el salvajismo, la esencia verdadera del ser humano.

Ese vuelco a lo primitivo es experimentado por René cada vez que, con la complicidad de la costurera, espiaba y veía desnudas a las mujeres que iban al taller de costura a tomarse medidas para que María José les confeccionara vestidos nuevos. En voz del personaje, la transgresión de la intimidad de las mujeres es la muestra de este tipo de situación límite: “y apenas lograba aguantarme hasta que se vestían de nuevo, antes de correr al baño, o al fondo del patio si la urgencia era mucha” (Parra, 2013, pág. 52).

De acuerdo con Eduardo Antonio Parra, no es posible llegar al conocimiento total de un personaje si no se tocan dos temas: la sexualidad y el erotismo, que son parte integral de cualquier experiencia humana y pueden decir mucho, literariamente, de hombres y mujeres (Argüelles, 1996, pág. 4). Así, en el caso de “La costurera”, es fundamental el despertar sexual de René en la adolescencia.

El juego que establece Parra entre los personajes es una suerte de ping-pong en que se turnan los roles. El protagonista, René, es un adolescente que ha sido tratado como mujer de forma involuntaria e inconsciente. María José, la costurera, es un hombre que voluntariamente asume la forma femenina para tener un trabajo y mantener su vida masculina como jefe de familia. Sus tránsitos entre un pueblo y otro establecen sus distintas formas: en el taller de costura es una mujer dulce y piadosa, trabajadora, honrada y fea. En su pueblo, es un jefe de familia viril que constantemente procrea hijos.

Parra nos propone una experiencia, además de poco frecuente, fantástica, pero realista, posible. Al contrario del mundo laboral, donde las mujeres perciben menores salarios o no pueden formar parte de la economía de manera equitativa, aquí se presenta un mundo donde la mujer es tirana y violenta, porque la identidad masculina la destruye, la subyuga. En este sentido es que los personajes son desterrados: “se sienten como extranjeros, el universo en el que habitan no les acaba de acomodar, está fuera de él o no encajan. Son desterrados en un exilio interno”.[1] Así, René vive una sexualidad extraña, desconocida, guiado por María José en un mundo al que no pertenece.

René, el protagonista, relata en primera persona los indicios que levantan sus sospechas, el enigma sobre su cómplice una vez que él se ha liberado de la opresión sexual. Descubre con extrañeza y respeto, la doble vida de María José, como alguien que ocultó su sexualidad para dedicarse a coser y mantener a su familia. Se trata de un cuento que muestra una forma sutil de violencia y opone, como antitéticas, a dos familias y dos sexualidades, la familia represora, que niega, que silencia; la familia querida, protegida; la sexualidad negada y reprimida (René) contra la sexualidad reprimida voluntariamente (María José).

Corolario: “La costurera” en el aula

Después de lo ya planteado, surgen preguntas acerca de cómo aproximar lecturas de largo aliento a los estudiantes y cómo, en concreto, es posible trabajar el cuento de “La costurera”, de Eduardo Antonio Parra, para analizar cuestiones referentes a la violencia y a la igualdad de género. Para responder a esta interrogante, consideramos importante resaltar el hecho de que René, el protagonista del cuento, es un adolescente; de esa manera, se establece un vínculo más estrecho con el alumnado lector. A su vez, destacamos que los alumnos y las alumnas, en el análisis de las características de los personajes, pueden identificar no sólo que en el cuento el erotismo surge como un milagro revelador sino que ocupa un lugar principal para ayudar a René a enfrentar la violencia que lo rodea en su hogar.

“La costurera” servirá como punto de partida en el aula para iniciar la discusión seria sobre las diferencias entre sexo y género. A partir de los personajes y de la familia de René, los alumnos y las alumnas pueden reconocer que el sexo consiste en las diferencias biológicas y naturales que las personas tenemos al nacer, mientras que el género es un conjunto de características sociales y culturales asignadas a las personas en función de su sexo. Estos conceptos son la base del sistema sexo-género, categoría de análisis fundamental de la perspectiva de género, que ha hecho visible la manera en que el sexo de una persona se utiliza como pretexto para determinar las oportunidades y los derechos a los que tendrá acceso (CNDH, 2019).

Asimismo, la configuración del entorno familiar de René puede propiciar la reflexión sobre los roles y estereotipos asignados siguiendo las características y/o cualidades de lo que se define como femenino y masculino. En el caso de la mujer: reproductivo, la dedicación al espacio doméstico y al cuidado de personas, como la abuela de René. En el caso de los hombres, el rol reproductivo, el poder de tomar decisiones en una familia por ser quien provee económicamente, por ejemplo. En esta parte, el personaje de María José tiene un papel ambivalente.

De esa manera, el alumnado puede entender que el género hace referencia tanto a lo masculino como a lo femenino, a los roles, las responsabilidades y oportunidades asociados al hecho de ser varón o ser mujer, y a las relaciones que entre ellos y ellas se establecen en el marco de una sociedad y una cultura. Las características humanas consideradas como “masculinas” y “femeninas” no derivan, entonces, de una supuesta naturaleza biológica, sino que son adquiridas mediante un proceso de construcción individual y social que, en el cuento, la costurera María José ejemplifica de manera notable.

Mediante este cuento, a partir de la llegada de la costurera a la casa de René, es posible reconocer que la sexualidad de ambos personajes se ve influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, culturales y éticos. Así, consideramos que este cuento constituye una vía para que, en el aula, los alumnos y las alumnas entiendan la diversidad, y para que acepten su identidad, a partir de la libertad.

Otra vertiente que también podría analizarse a través de este cuento sería la del feminismo, a partir de la madre y la abuela de René y, por supuesto, de María José. Después de la lectura, sería prudente que los alumnos y las alumnas leyeran algún fragmento de El feminismo es para todo el mundo, de la escritora Bell Hooks, un texto en que se explica que muchas mujeres heterosexuales llegaron al movimiento feminista contemporáneo desde relaciones en que los hombres eran crueles, desagradables, violentos e infieles (relaciones como las que sostiene la madre de René). No obstante, el texto de Hooks también apunta que algunas mujeres llegaron rabiosas [sic] por esas relaciones y utilizaron esa rabia como catalizador para la liberación de las mujeres.

En clase, a partir de dicho texto, sería viable que los alumnos y las alumnas señalaran algunas transformaciones identificadas en el movimiento feminista de los últimos años y que, a su vez, investigaran cómo algunas activistas feministas visionarias entendieron, con el tiempo, que los hombres no eran el enemigo, que el problema estaba en el patriarcado, el sexismo y la dominación masculina, tal y como se afirma en el libro de Hooks.

En síntesis, son muchas las posibilidades de colocar la literatura en el marco explicativo de la violencia y la configuración de la identidad juvenil. Estamos seguras de que la perspectiva de género es el marco de análisis necesario, porque permite dar cuenta de las desigualdades en la distribución de recursos, responsabilidades y poder entre mujeres y hombres, que en general actúan en favor de ellos. Y que, una vez detectados los problemas de género, se pueden tomar las acciones necesarias para su erradicación.

PIE DE PÁGINA

[1] Martínez Torrijos, R. (30 de julio de 2013). La literatura mexicana de otras épocas también incluía baños de sangre: Eduardo Antonio Parra. La Jornada, 5.

REFERENCIAS

Bibliográficas

Hooks, B. (2017). El feminismo es para todo el mundo. Madrid: Traficantes de Sueños.

Parra, E. A. (2013). Desterrados. México: Era/Universidad Autónoma de Nuevo León/Universidad Autónoma de Sinaloa.

CCH. (2016). Programas de Estudio. Área de Talleres de Lenguaje y Comunicación. Taller de Lectura, Redacción e Iniciación a la Investigación Documental I-IV. México: unam.

 

Hemerográficas

Argüelles, J. D. (11 de junio de 1996). Eduardo Antonio Parra y Los límites de la noche. El Universal, 4.

Martínez Torrijos, R. (30 de julio de 2013). La literatura mexicana de otras épocas también incluía baños de sangre: Eduardo Antonio Parra. La Jornada, 5.

 

Cibergráficas

Comisión Nacional de Derechos Humanos. (2019). ABC de la perspectiva de género y las masculinidades. México. En: https://mexicosocial.org/wp-content/uploads/2019/03/perspectiva-g%C3%A9nero-CNDH.pdf

Higuera Guarín, G. Y. (enero-junio de 2016). De la estética de la recepción a la animación a la lectura: consideraciones teóricas para una propuesta de animación de la lectura literaria en espacios no convencionales. La Palabra (28), 187-200 En: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=451546837013

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