Comunicación, protesta, movimientos sociales y culturales
Alejandro Rojas Juárez
En este ensayo se abordan temas relacionados con la comunicación, la protesta, los movimientos sociales y culturales desde los enfoques de la Teoría de la Comunicación, el Enfoque Sociológico de la Comunicación y la Sociología, enfocado a la influencia de la comunicación y el impacto que genera en los individuos.
En primer lugar, describe a la comunicación como proceso, disciplina instrumenta y acción mediática, así como la relación que guarda con los movimientos sociales. En seguida, se aborda el proceso de protesta identificado como un derecho de reunión a través de medios libres y abiertos, en el que se describen cuatro elementos constitutivos. En cuanto a los movimientos sociales, se enlazan con los procesos de comunicación y de protesta por parte de ciertos grupos o pueblos donde las relaciones y los grupos de poder determinan reglas y normas que provocan reacciones en la sociedad.
Como cuarto elemento se desarrollan las características de los movimientos culturales desde dos posturas, la primera desde el posmodernismo como movimiento cultural y filosófico, y la segunda, los movimientos culturales como promotores del desarrollo de los sujetos en una sociedad que se transforma. Finalmente, se presenta una conclusión en la que se resalta el impacto de los procesos comunicacionales y las respuestas de la sociedad como recurso de expresión masivas.
Comunicación
La comunicación es un proceso mediante el cual el individuo comunicador transmite estímulos (denominados símbolos verbales) que modifican el comportamiento de los individuos perceptores; por lo tanto, la comunicación es considerada como un sistema que influencia a los destinatarios o perceptores (Maletzke, 1992, pág. 316).
Desde el enfoque de la Teoría de la Comunicación propuesta por Serrano (1990), se considera que la comunicación es una disciplina instrumental, ya que la acción mediática está asociada con un determinado propósito; por ejemplo: comunicación para el consumo, la política, y en las empresas, por mencionar algunos. A partir de este enfoque, la comunicación juega un papel relevante para el análisis del mercado, las elecciones populares, la dinámica del trabajo y otras actividades sociales en que se insertan imposiciones de consumo, posturas políticas, normas laborales, entre otras.
Ahora bien, la comunicación guarda relación directa con los movimientos sociales, porque parten de un proceso comunicativo significativo; esta afirmación se fundamenta en la influencia hacia la esfera pública promovida por los medios de poder, lo que propicia una lógica de creación y apropiación de información en las personas (López, 2022, pág. 223).
Los movimientos sociales son influenciados por la comunicación que ciertos grupos emiten mediante canales comunicativos diversos: impresos, digitales y sonoros, entre otros más, lo que provoca de manera inmediata una variedad de reacciones de las personas que perciben al contenido de la información como amenazante, perturbadora o que violenta algunos de sus derechos (Rojas, 2023).
Protesta
Lo dicho antes se relaciona con el paradigma de la protesta, que se comprende como un patrón rutinario o una plantilla implícita para la cobertura de una protesta social, la cual se considera como el derecho de reunión sin sujetarse a las autoridades ni a requisitos que dificulten su realización; además, se caracteriza por ser un medio libre para la expresión de ideas sobre informaciones recibidas favorablemente o consideradas inofensivas o indiferentes, que incluyen las que ofenden, inquietan, chocan, que resultan ingratas, que perturban al Estado o a cualquier sector de la población (Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2019, pág. 29).
En concordancia con el enfoque sociológico de la comunicación, se identifican cuatro elementos constitutivos de lo que se denomina circuito de la protesta; al primero se le conoce como Producción de los actores, que hace referencia a la construcción y codificación de discursos y de significados relacionados con las definiciones de problemas y sus posibles soluciones; al segundo elemento se le llama La automediación, en la que se resaltan las estrategias de los actores colectivos y los movimientos, con el fin de circular y difundir sus demandas; el tercer componente se identifica como Representación en los medios establecidos, y se caracteriza por la lógica de influencia externa que marca las posibilidades de resonancia de los discursos manifiestos en los movimientos sociales; por último se considera a la Resonancia en la opinión Pública, en la que se presta atención a la recepción que tienen las acciones e ideas de los movimientos por parte de los ciudadanos (López, 2022, pág. 21).
Una vez que se ha dilucidado sobre los elementos del circuito de la protesta, se puede afirmar que la comunicación es un medio que produce y reproduce elementos que denotan los grupos de poder con objetivos específicos, lo que conlleva a la manifestación de la protesta por diversos medios, donde se pone en juego la percepción de la información emitida, los actores involucrados que reciben la información y los significados de los mensajes que, en conjunto, provocan la respuesta de acción colectiva.

Movimientos sociales
En el estudio de los movimientos sociales relacionados con la comunicación y las protestas, se permean acciones conjuntas que promueven una transformación social que emana de una diversidad de necesidades, aspiraciones y oposiciones en momentos cruciales de la sociedad; principalmente son respuestas ante los sistemas de opresión y de subordinación, y por mencionar algunos acontecimientos: las rebeliones de los esclavos y el enfrentamiento de pueblos indígenas ante la invasión de pueblos con fines de conquista (Almeida, 2020, pág. 17).
Desde la disciplina de la sociología, el estudio de los movimientos sociales ha registrado un incremento significativo en las últimas décadas, derivado de la acción colectiva en diversas partes del mundo, observándose principalmente movilizaciones y protestas locales, regionales e internacionales (Ramírez, 2015, pág.162).
Los movimientos sociales guardan relación directa con el poder y la comunicación, toda vez que el proceso comunicativo es una fuente efectiva de poder, en consecuencia, los medios de comunicación masiva figuran como aliados indispensables de los grupos de poder político y económico que, a su vez, son instrumentos contra los movimientos sociales (Ramírez, 2015).
Las relaciones de poder se consideran como fundacionales de la sociedad, debido a que quien o quienes representan el poder definen las reglas y las normas en que se han de basar las instituciones y la organización de una sociedad; desde este enfoque, todo poder tienen un contrapoder y derivado de ello, donde hay una dominación habrá una resistencia a tal dominación (Castells, 2010, pág. 13).
De acuerdo con esta línea propuesta por Castells (2010), las protestas y los movimientos sociales son respuestas a la dominación de las instituciones entre fuerzas e intereses que chocan y entrechocan en la sociedad, de tal manera que algunas instituciones institucionalizan la dominación que provoca cambio en las dinámicas sociales y las relaciones entre las personas.
Como movimiento social se considera a la conducta colectiva organizada de un actor luchando contra su adversario por la dirección social de la historicidad en una colectividad concreta (Touraine, 2006, pág. 3). El autor asevera que los movimientos sociales se caracterizan por manifestar conductas socialmente conflictivas, que están culturalmente orientadas de tal manera que se fortalecen mediante la convergencia o alianza entre miembros con intereses comunes.
Movimientos culturales
En relación con la línea descrita, los movimientos culturales son, en su mayoría, categorizados como olas o generaciones que, a diferencia de las protestas, normalmente encuentran resistencia y contramovimientos, y para fines de este ensayo, se aborda el posmodernismo como movimiento cultural y filosófico en que se toman en cuenta movimientos artísticos, culturales, literarios, estéticos que rompen con ciertos cánones sociales y económicos ya establecidos (Jameson, 1991, pág. 13).
Por lo anterior, se puede expresar que los elementos de los movimientos culturales cumplen la función de pautas culturales basadas en la industria cultural; es decir, se considera a la racionalidad técnica relacionada directamente con supuestas necesidades de los consumidores, que en realidad funcionan como círculos de manipulación de carácter coactivo de una sociedad alienada de sí misma (Horkheimer y Adorno, 1999, pág. 166).
La técnica de la industria cultural se basa en la estandarización y producción en serie, de tal manera que la voluntad de las personas se aleja de una conciencia propia, tal es el caso de la adquisición de automóviles, producciones cinematográficas y contenido digital que se promueven desde el supuesto de que el consumidor cuando elije es más libre; para lograr tal compañía, los grupos de poder hacen uso de los procesos y medios de comunicación con el sólido propósito de que los individuos asuman que consumen un bien cultural (Cepeda, 2009, pág. 87).
Otro enfoque propuesto por Sánchez (2009) determina que los movimientos culturales se diferencian de los sociales, porque no guardan una misma estructura organizacional, no tienen duración en el tiempo y, en ocasiones, no establecen un adversario definido; persiguen unos patrones de gusto, estilo e identidad; además, los integrantes de estos movimientos tienden a justificar su existencia basada en una argumentación que valide su acción social, de manera que necesariamente dependen de la construcción de ideas sobre sus orígenes y su presente.
Los movimientos culturales se han caracterizado por mostrar un rechazo hacia los bienes culturales de una sociedad determinada, que implica el enfrentamiento de identidades nacionales, regionales y grupales que les impone el pasado histórico; estos movimientos se destacan porque ofrecen las condiciones claras para el desarrollo del sujeto, comprendido como el proceso mediante el cual el individuo invierte sus bienes culturales para acceder a un estadio de productividad intelectual que le permita acceder a la creación de su propia historia (Navarro y Ayala, 2005, pág. 160).
Los movimientos sociales y culturales son tema de estudio constante, así como de interés para los procesos políticos, organizativos y estructurales de la sociedad, donde la acción colectiva pone de manifiesto la movilidad de los actores sociales enfocados en temas como el feminismo, los grupos étnicos, la defensa de los derechos humanos, las organizaciones no gubernamentales y los nuevos movimientos religiosos; esto se promueve con el propósito de construir una identidad que les permita actuar sobre sí mismos y la producción de una nueva sociedad (Chihu, 2000, pág. 211).
A manera de conclusión, es imperante resaltar que los procesos y el contenido de la comunicación de una sociedad determina, en cierta medida, las respuestas posibles que una sociedad puede manifestar. Por un parte se considera que uno de los recursos inmediatos de los sujetos ante imposiciones y normas rígidas son las protestas; por otro lado, en la búsqueda de romper con ciertos paradigmas sociales, se corre el riesgo de asumir conductas alienadas determinadas por los mismos procesos comunicativos. No obstante, los enfoques teóricos referidos expresan que el ser humano precisa de la comunicación, perseverancia y consolidación de una identidad que le posibilite tomar consciencia de sus propios actos, expresiones y manifestaciones. Finalmente, se puede afirmar que los procesos sociales son complejos, que dependen de movimientos políticos, sociales, económicos locales, regionales y globales.
REFERENCIAS
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