La participación femenina en el campo tecnológico

Christyan Mabel Mendoza Martínez

Resumen

Actualmente, los estudios de género se centran en las personas que en filosofía se denominan “sujetos” y en la forma en que la cultura patriarcal expresa las diferencias, entre ellos en el campo especifico de la producción científica y académica.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas, la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) persiste desde hace años a nivel internacional. Los prejuicios y estereotipos de sexo-género que se arrastran, continúan manteniendo a las mujeres alejadas de los campos involucrados con la ciencia. 

De lo anterior, surge la necesidad de poner en evidencia las concepciones dominantes, y las prácticas de atribución y justificación del entendimiento que ponen en desventaja a las mujeres, que se manifiestan mediante la exclusión de ciertas actividades y, en cierto sentido, las han representado como inferiores respecto al modelo varonil; pese a ello, han logrado generar aportes o adelantos (a veces sin reconocimiento o mediante la intermediación masculina) a partir de las propias áreas de entendimiento en el campo laboral. 

 

Palabra clave: género, rol de género, estereotipo, tecnología, comunicación.

Introducción

Desde que la investigación feminista de género se inició, se han desarrollado un sinnúmero de investigaciones desde diversas áreas, revelando inequidades, discriminación y problemas que sufren las mujeres en todo el mundo. Tales estudios parten de diversos campos disciplinares, que van desde la antropología hasta la psicología. En este texto se aborda el papel de las mujeres en el campo de conocimiento tecnológico y la manera en que el género aún influye en la selección del campo profesional, identificando las concepciones dominantes que las representan como frágiles o no aptas en relación con el modelo masculino.

Las mujeres ocupan un papel importante en los avances de la tecnología y de la computación: requieren atención y reconocimiento, ya que son un ejemplo para que muchas niñas y adultas puedan seguir este camino en igualdad de condiciones, y para que todas las personas sepan que el género carece de importancia al trabajar y aportar conocimiento.

Desarrollo

En la década de 1940, la programación era considerada una profesión femenina. Más de 50% de las profesionales eran mujeres, y se tomaba como una vocación natural para ellas (Guzmán, 2007), pero al terminar la Segunda Guerra, y con el paso de los años, las cosas fueron cambiando. La programación empezó a ser reconocida como desafiante intelectualmente y a ser asociada con actividades más masculinas. Los salarios aumentaban, lo que inducía a que más hombres se interesaran en ellas y buscaran aumentar su propio prestigio, mientras desalentaban el ingreso de mujeres en este campo (Ensmenger y Yost, 2018). En contraste, estudios sobre la percepción de la habilidad intelectual, muestran que las niñas en los primeros años tienen mayor preferencia a elegir juegos que requieren mayor esfuerzo; sin embargo, se ven desalentadas en juegos que son para personas “inteligentes”, lo que no ocurriría en los niños.

Durante el desarrollo escolar reforzado con la educación informal en casa, esta tendencia se acentuó y se materializó en la baja presencia de mujeres en carreras tecnológicas, como la computación o las ingenierías, así como en campos de humanidades donde se piensa que sus alumnos deben ser excepcionales. Si este punto de vista se modificara por la idea de que no se requiere de “brillantez” sino de esfuerzo, más mujeres ingresarían a estos campos de estudio. 

Según la ONU, la brecha de género en los sectores de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) persiste desde hace años en todo el mundo. Los estereotipos y prejuicios de género que se han arrastrado desde hace mucho tiempo persisten, esto ha mantenido a las niñas y mujeres alejadas de los campos conexos con la ciencia: según datos de la Unesco (entre 2014 y 2016), sólo alrededor de 30% de todas las estudiantes eligen estudios superiores dentro del campo de las ciencias, la tecnología, la ingeniería y matemáticas (STEM). A nivel mundial, la matrícula de estudiantes femeninas es particularmente baja en tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC), con 3%; ciencias naturales, matemáticas y estadísticas, con 5%, y en ingeniería, manufactura y construcción, 8%.

Por ello, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el día 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. El objetivo es lograr la participación plena de acceso y equidad en la ciencia para niñas y mujeres; adicionalmente pretende lograr empoderamiento e igualdad de género.

Hace un par de años Red.es (entidad pública adscrita al Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial de España) publicó una magnífica infografía llamada “Pioneras de la tecnología”, buscando visibilizar y dar a conocer el trabajo de mujeres en el mundo de la tecnología, utilizando las aportaciones de Ada Lovelace (madre de la programación informática), Radia Perlman (considerada la madre de Internet), Mary Kenneth Keller (contribuyó al desarrollo del lenguaje de programación BASIC) y Ángela Ruiz Robles (precursora del libro electrónico), entre otras.

A lo largo de las épocas, la desigualdad entre mujeres y hombres se ha sustentado en acciones basadas en un sistema de creencias, ideas y valoraciones sobre el mundo, que no puede generalizarse o usarse para clasificar a un grupo social. Un elemento que configura nuestro sistema de creencias es el estereotipo definido como: “una idea rígida que la mayoría de las veces está sustentada en información incompleta o errónea y no necesariamente en la experiencia personal” (Islas, 2005).

Ahora bien, si revisamos el significado que Bustos realiza en el 2005 sobre un estereotipo de género, veremos que se considera un conjunto de creencias, pensamientos o representaciones acerca de lo que significa ser hombre o mujer, incidiendo en esferas como apariencia física, rasgos psicológicos, relaciones sociales, formas de pensar.

Teniendo en cuenta, de forma general, el concepto de estereotipo de género, es necesario replantearnos si éstos son transmitidos o reproducidos. El artículo de “Género y estudios televisivos”, de Virino y Morales en 2008, señala que este siglo está plagado de transformaciones en los estereotipos de género proyectados por los medios de comunicación masiva, principalmente en la televisión. 

Por su parte, Busquet (2012) habla del impacto de la tecnología en la sociedad a partir de la aparición de nuevos canales de exhibición, la proliferación de las redes sociales y su capacidad comunicativa que propulsaron el fenómeno fan e ídolos mediáticos, que determinan sistemas de valores y las tendencias culturales dominantes en una sociedad determinada, sumado al consumo bajo demanda de series con contenidos sociales y políticos estéticamente atractivos, mediante técnicas narrativas fáciles de seguir; dichas narrativas mediáticas son susceptibles de difundir estereotipos de género al por mayor. 

Por otro lado, García y Lema (2008, pág. 7) señalan que “la publicidad es una forma de comunicación persuasiva de carácter comercial, cuyo objetivo es cambiar las creencias, actitudes y conductas de los públicos para conseguir la compra, contratación o consumo de los productos o servicios anunciados”. Más allá del tipo de actividades, color de ropa o juegos asignados, los estereotipos de género tienen consecuencias y afectan desde la infancia y son reforzados en la adolescencia.

Uno de los problemas es que generalmente consideramos los conceptos de “individuo” y “sociedad” como independientes y estables, por tanto, sentimos que el problema quedará resuelto si empoderamos a las niñas y las dotamos de autoconfianza. El problema es que al volver a casa o interactuar en espacios públicos recibirá información contradictoria, por ello sociedad e individuo deben verse como procesos que realmente son diferentes, pero no separables (Elías, 2001). 

Dendasck y Lee (2015) reconstruyen el concepto de “habitus”, como el proceso por el que lo social se interioriza y logra que las estructuras objetivas concuerden con las subjetivas. Asimismo, nuestra cultura está traspasada por hábitos lingüísticos que son a menudo vejatorios y ofensivos para quienes difieren en algún aspecto de la mayoría. Y ello tiene lugar en todos los ámbitos, desde la escuela hasta la casa o el sitio de trabajo.

De esta forma, los hábitos se convierten en preferencias diferenciadas entre hombres y mujeres, haciendo una distinción de géneros. Y esto ocasiona que, al momento de elegir una carrera, las mujeres sientan que no tienen la capacidad para desarrollar tareas relacionadas con áreas fisicomatemáticas, ciencias o aplicaciones tecnológicas. En este sentido, es necesario desarrollar un punto de vista feminista que parta de la experiencia de las mujeres en los espacios. Esta perspectiva plantea la necesidad de construir herramientas y mapas para redefinir el bienestar en una sociedad más equitativa y justa. En concreto, la propuesta de partir de este tipo de prácticas comunitarias y espacios es propiciar las reflexiones y los debates sobre la importancia de lo colaborativo y lo común.

Consideraciones finales

La visión de género implica reconocer que existen un conjunto de representaciones, ideas y creencias basadas en la distinción y separación de papeles, lo que provoca una participación jerárquica, diferenciada y desigual dentro de las instituciones académicas, sociales, etc. Los estudios de género se centran, entonces, en los sujetos y en la manera en que la cultura patriarcal expresa las diferencias entre ellos; es decir, en la construcción de condiciones culturales y simbólicas responsables de la reproducción de ciertas ideologías de opresión y poder, en general perpetradas, aunque no exclusivamente, por hombres con las mujeres. 

Los trabajos de género revelan que las instituciones sociales –transmisoras de la cultura, los valores, la educación y las normas–, las productoras de conocimiento, como la ciencia y las humanidades, así como los medios de comunicación, generan un sesgo de género, al limitar las actividades y grupos a los que podemos acceder. El cuestionamiento de la “masculinidad hegemónica” admite deconstruir mecanismos conceptualizados como “naturalizados” durante siglos, lo que implica el análisis de formas en las relaciones afectivas, económicas y políticas. De allí las resistencias individuales, institucionales y colectivas de un modelo prácticamente universal.

REFERENCIAS

Busquet, J. (2012). El fenómeno de los fans e ídolos mediáticos: evolución conceptual y génesis histórica. Revista de Estudios de Juventud, 96. En: http://www.injuve.es › default › files › Revista96_ (consultado el 26 de abril de 2022). 

Bustos, O. (2005). Cómo incorporar la perspectiva de género en la comunicación. México: Instituto Jalisciense de las Mujeres e Instituto Estatal de las Mujeres de Nuevo León. En: https://tinyurl.com/4yh42c3r (consultado el 26 de abril de 2022). 

Consejo General del Instituto Electoral del Estado. (2021). Guía para eliminación de estereotipos de género en medios de comunicación IEE. En: https://www.ieepuebla.org.mx/2021/guia/GUIA_DE_ESTEREOTIPOS_MEDIOS.pdf (consultado el 7 de diciembre de 2021).

Dendasck, C. y Lee, G. (Mayo de 2016). Concepto de Habitus de Pierre Bourdieu y Norbert Elías. Revista científica multidisciplinaria base de conocimiento. 3, 1, 1-10. En: https://tinyurl.com/2y7k6jkv (consultado el 26 de abril de 2022).

García, M. T. y Lema, C. (2008). Guía de intervención ante la publicidad sexista. España: Instituto de la Mujer. En: https://tinyurl.com/z8z8rr3d (consultado el 26 de abril de 2022). 

Guzmán, M. y Pérez, A. (2007). La teoría de género y su principio de demarcación científica. Cinta de Moebio. Revista de Epistemología de Ciencias Sociales, (30). En: https://www.moebio.uchile.cl/30/guzman.html (consultado el 19 de enero de 2022).

Islas Azaïs, H. (2005). Lenguaje y discriminación. Cuadernos de la Igualdad 4. México: Consejo Nacional para prevenir la Discriminación. En: https://www.conapred.org.mx/index.php?contenido=documento&id=203&id_opcion=147&op=147 (consultado el 20 de abril de 2022).

Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital. (s. f.). Pioneras de la tecnología. Red.es. En: https://tinyurl.com/9uv7yc8f (consultado el 27 de abril de 2022).

Naciones Unidas (s. f.). Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. En: https://www.un.org/es/observances/women-and-girls-in-science-day/ (consultado el 22 de enero de 2022).

Virino, C. C. C. y Morales, M. F. (2008). Género y estudios televisivos. Género y cultura popular: estudios culturales I. Pp. 177-226. En: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=7800439 (consultado el 20 de abril 2022).

Ensmenger, N. W. y Yost, J. R. (2018). Computer: A history of the information machine. Routledge.

Síntesis

Christyan Mabel Mendoza Martínez

Licenciada en informática; Maestra en Recursos Humanos por la Universidad Intercontinental; cursó el Doctorado en Educación en la Universidad Marista. Desde 2003 inició actividades profesionales como docente en el área de Matemáticas y actualmente coordina el área de Cómputo Académico del Colegio de Ciencias y Humanidades, Plantel Sur.

Correo: [email protected] / christyan.mendoza.cch.unam.mx

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