Olivia Vivanco, fotografía, migración y transitoriedad. 

Leonardo Eguiluz

¿Qué tiene la fotografía para que te enamoraras de ella?

Mi acercamiento fue casual. Estando en el CCH, una amiga tenía que resolver un trabajo con fotografía y al acompañarla, descubrí que era un medio que me podía permitir acercarme a personas y a situaciones que en ese momento movían mi curiosidad. El pretexto de “mirar” a través de una cámara me dio el impulso de salir, buscar, preguntar. Es un proceso que se basa en la observación antes, durante y después, y que en cada etapa devela aspectos diferentes que me ayudan a confirmar, complementar o desmentir mis ideas sobre el tema que esté abordando. 

 

¿Qué ha cambiado en ti la fotografía?

Me permitió identificar mis intereses y los temas que quiero explorar. Es una herramienta que me ayuda a responder mis propias preguntas.

 

En general, ¿qué es lo último que piensas antes de irte a dormir luego de un día de hacer fotografías a migrantes? 

Por lo general, en mis proyectos trato de no hacer imágenes a personas migrantes en situación de movilidad, salvo en los que he trabajado con migración haitiana, tanto en Baja California como en Chile. En éstos, las personas están ya insertas en una sociedad, por lo que el sentido de que aparezcan es hacer latente que dicha cultura está presente, y ya son parte del paisaje y contexto de dicho país. Pienso, por lo tanto y cuando estoy trabajando alrededor del tema, en las experiencias particulares del día, en los aspectos de las migraciones que voy conociendo mediante lo que las personas me comparten, de lo que veo o lo que escucho. Hay días de frustración, impotencia y enojo por las situaciones que las personas viven durante sus procesos, pero el espectro de las emociones humanas es muy amplio y aún en las situaciones más difíciles puede haber espacio para la solidaridad, el compañerismo y la alegría. 

La ciencia ha demostrado que los primeros seres humanos que pisaron este planeta tuvieron a África como cuna. Al trabajar en tu proyecto con gente de ascendencia africana, ¿te has identificado con su espíritu? ¿Has hallado algo tuyo en ellos? ¿Te ves a ti de alguna manera como migrante?

Las personas haitianas son afrodescendientes, pero desde su independencia hace más de doscientos años, son latinoamericanas, caribeñas en específico. Me identifico con ellas como las personas que somos, como latinoamericanas y reconozco la racialización a la que son sujetas, lo que dificulta sus procesos migratorios aún más que a personas de otros orígenes de nuestro propio continente. Me puedo ver en ellos como migrante por ser una condición de la que nadie está exento, muchas de las personas que actualmente migran, no sólo haitianas, no se veían hace algunos años o incluso meses en esta situación: una crisis económica, de violencia o incluso un fenómeno natural puede colocarnos de un día para otro en dicho escenario. 

Desde ese punto de vista, la humanidad ha migrado hacia todos los rincones del mundo por cientos de miles de años. El hecho es que hacia atrás todos tenemos ancestros, primos, madres, abuelos, migrantes, ¿acaso los aztecas no migraron del norte hacia el centro?… Si todos de algún modo estamos relacionados con el fenómeno migratorio, ¿por qué crees que la xenofobia se presente de forma tan exacerbada? ¿Qué sucede?

Pienso que la xenofobia no tiene que ver en sí con la migración como tal, sino con el origen y contexto económico y social de las personas que migran, además de su color de piel. Un ejemplo muy claro lo tenemos actualmente con el fenómeno de los nómadas digitales que provienen mayormente de Estados Unidos o países de Europa, cuya blanquitud y origen los asocia en el imaginario colonialista con desarrollo, poder adquisitivo y crecimiento de la economía, mientras que a los migrantes de países empobrecidos o en conflicto se les criminaliza y discrimina, se tiene con ellos la percepción de que “nos quitan”, ya sea servicios, presupuesto gubernamental o empleos. Se pierde de vista que su migración, la mayoría de las veces, es forzada, en condiciones precarias y que su inserción en nuestra sociedad puede sumar en muchos niveles.    

 

Al experimentar tu proyecto Los días (está increíble, por cierto), sentí que vas en busca de la sensibilización de la población sobre el fenómeno de la migración a través de lo visual. ¿Hasta dónde crees que el poder de la fotografía pueda llegar en la búsqueda por una integración más civilizada de los pueblos que empiezan a vivir en latitudes distintas? 

Creo que la fotografía, y el arte en general, no pueden por sí mismas cambiar situaciones o fenómenos cuya complejidad tiene un carácter estructural. Pueden, sí, aportar a que las fallas y fisuras de esas estructuras sean visibles, a que las personas se pregunten cosas y sus respuestas puedan convertirse en acciones.

Me pareció que Los días es un documento vivo que nos muestra un punto que muchos ignoramos: México siempre ha sido un país multicultural. En tu experiencia con Los días, ¿cómo has vivido la integración de esas personas en una zona tan conflictiva como Tijuana? ¿Cuáles son las complicaciones, cuáles las alegrías?  

Yo vivo en la ciudad de México, y aunque he dado seguimiento de alguna forma a dicha migración a través de las personas que conozco y mis visitas, la integración se da de forma cotidiana y continua en Tijuana, en muchos ámbitos (social, laboral, cultural, comunitario, académico, económico, etc.), algunos más visibles que otros. Cabe señalar que, aunque dicha migración ha sido relativamente aceptada, el proceso no ha sido fácil, porque al ser Tijuana una ciudad fronteriza y multicultural es, en mayor medida, una ciudad de paso que, aunque recibe a migrantes, no había vivido recientemente el proceso de asentamiento de una comunidad tan grande procedente de un sólo origen. 

 

Tu proyecto Temporal contiene entrevistas que narran experiencias de vida difíciles, tristes, vidas que han padecido injusticias a lo largo de muchos años, ¿cómo vives la experiencia de escuchar todas esas historias? ¿Cómo trabajas esas emociones? 

Mi acercamiento al tema es precisamente con el fin de hacer visible la experiencia de la migración, por lo que la forma de procesar las emociones que acompañan a las experiencias es transformarlas para una aproximación sensible a través del arte. 

 

En Temporal no vemos rostros, escuchamos voces que cuentan crónicas, espacios sonoros que nos hacen imaginar trayectos, largas esperas; vemos espacios, detalles de cuerpos, objetos, pero nunca rostros, ¿por qué?

Los motivos de desplazamiento de las personas migrantes que atraviesan nuestro país son diversos, pero en muchas ocasiones la migración se debe a violencia, acoso o amenazas, por lo que mostrar sus rostros puede vulnerarlas y ponerlas en riesgo, lo mismo sucede con personas que han sido deportadas. Considero que no hay una forma única de hablar de un tema, y que el trabajo del artista es emplear su creatividad para encontrar las estrategias y los medios que se adecuen al tema anteponiendo la seguridad de las personas. 

En Temporal se observa la idea del irse lejos por largo tiempo a otro país y luego volver a un lugar que ha cambiado, un espacio en el que estas personas ya no se reconocen, un terreno en el que no se hallan, ¿es el tiempo migrando que termina por devorar a la persona? ¿Por qué titulaste a esta obra así?

Temporal es sobre personas mexicanas que han sido deportadas y se encuentran en la ciudad de Mexicali, por lo que su retorno no fue voluntario. Temporal alude a la permanente sensación de transitoriedad que acompaña a la migración indocumentada, porque la estancia en Estados Unidos, en estos términos, está siempre supeditada a una detención y a la deportación a México, después de muchos años de vivir fuera está acompañado de la expectativa del regreso.  

 

Como fotógrafa y artista visual, ¿qué te da el video que la fotografía no? ¿Cómo sabes cuándo tomar fotos y cuándo video?

La fotografía tiene un carácter más inmediato y sigiloso, la información es meramente visual y hay un espacio para que el espectador imagine el antes y el después. El video requiere por su propia naturaleza una mayor permanencia, pero en su narrativa provee más información. La decisión tiene que ver con la contundencia que quiero dar a la narrativa que planteo. 

 

¿Qué le dirías a las mujeres que quieren ser fotógrafas?

Que no desistan y exploren la fotografía a partir de sus propios intereses dejando a un lado los estereotipos de género que se atribuyen a ciertos contextos.  

 

Recomiéndanos películas que te hayan fascinado. 

Paisaje en la niebla, de Theo Angelopoulos; Los olvidados, de Luis Buñuel; La doble vida de Verónica, de Kieslowsky; El Apando, de Felipe Cazals; Léolo, de Jean-Claude Lauzon; El club, de Pablo Larraín, serían algunas.

Sitio de Olivia Vivanco

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